
Que l´idioma ta espoxigando nel País Llionés ye una realidá dende fai tiempu; cursos de llingua con más de 500 alumnos y que nos caberos dos años escosaron les places o´l sofitu de dalgunes instituciones como la Diputación o´l Conceyu de Llión son nidia amuesa d´ello. L´añu pasáu la propia Universidá de Llión ufiertó 9 creditos de llibre configuración a los alumnos que s´apuntaran a llingua llionesa dientro de los sos cursos d´estensión universitaria, pero esti añu les coses van camudar. Según el vicerreptor de Relaciones Institucionales de la Universidá, Flancisco Fecha, dotar al cursu de 9 creditos quier dicir que´l cursu yá nun ye un taller sinón un cursu universitariu y dalgunes de les persones qu´empobinen les clases nun tan preparaes pa impartir un cursu universitariu. Según el vicerrectos pa que les clases puean convertise en cursos universitarios han de cuntar con corpus teóricu abondo, con profesores preparaos cola correspondiente titulación y unes prautiques o talleres como los que se tuvieron ufiertando.
Flecha afitó que la Universidá ye la única institución qu´estudió les fales de toles fasteres de Llión y faló del gran númberu de tesis doctorales sobre´l tema, del títulu de "monitor de llingua llionesa" que da la universidá a aquelles persones que superen los cursos y del Serviviu de Publicaciones, col asoleyamientu de tesis y obres d´investigación sobre´l dominiu asturllionés. Sicasí la Universidá va siguir impartiendo llionés anque ensin creditos y anima a les persones encargaes de los cursos pa qu´alagamen la titulación necesaria pa ufiertalos.
Déxovos equí un artículu d´Emilio Gancedo asoleyáu nel "Diario de León" el pasáu miercoles, el mesmu día que se supo la supresión de los creditos;
El leonés, cuestión de sensibilidad
EMILIO GANCEDO.
UN ASUNTO despierta más polémica, más posicionamientos enrocados o defensas encendidas cuanto más cercano o querido nos es. Eso sin olvidar que hay materias con un grado de sensibilidad mayor que el de otras. Por ello no es de extrañar que el tema de la lengua leonesa, dormido para lo que hoy se llama opinión pública durante más de siete siglos, se encienda ahora al aproximarse a las aulas, los despachos o la tinta del periódico al igual que sucede con algunas sustancias químicas que entran en combustión cuando toman contacto con el aire tras un prolongado encierro subterráneo. Porque el leonés o asturleonés es nuestro, porque nos presta escucharlo o escribirlo, porque convive con nosotros y nosotros con él, por eso es motivo de natural debate y de natural discusión. Es normal y cada vez lo va a ser más. Así pues, creo que sería necesario dejar establecidos una serie de puntos básicos que pueden actuar de antídoto contra la demagogia. Primero: el asturleonés, evolución peculiar del latín en el occidente de la Península, del Cabo Peñas a Miranda, es también patrimonio cultural de todos los leoneses. Si nos circunscribimos a la provincia, hoy en día, principios del siglo XXI, el leonés se habla con notable normalidad social en las variantes de dos comarcas concretas: La Cabrera y el área del Alto Sil. Cuaja con una enorme cantidad de palabras el discurso de extensas comarcas como Maragatos, Bierzo Alto, Omaña, Luna, Alto Órbigo... y persiste más débilmente en léxico y toponimia en el Sur y Este de León; pruebas de que este idioma fue un día vehículo lingüístico habitual y común de nuestras clases populares. Tres situaciones, pues. Segundo: que ante denuncias como la de la propia Unesco en su Atlas de las Lenguas Amenazadas (que la catalogaba como lengua seriamente amenazada ), por fin el estatuto de autonomía va a incluir su «apoyo y fomento», con lo que les será difícil a determinadas instituciones o entidades sustraerse a partir de ahora a este debate... Lo que los siglos nos han venido dejando del leonés nada tiene que responder ante ataques o críticas feroces. Las lenguas existen sin portavoces, sólo con hablantes y gentes que las aman o que quieren aprenderlas. Pero el leonés existe y, bien o mal, esta sociedad, la leonesa, habrá de saber gestionarlo. Es aquí donde tiene que verse nuestra altura moral, nuestra valentía, nuestra justa ambición. Creo que es erróneo criticar a personas que se están dejando tiempo ¡y dinero! por dar clases de leonés, pero es cierto también que cada vez se habrá de ser más serio, dialogante y abierto desde todas las partes. El creciente número de estudiantes de la lengua sin duda lo agradecerá.